No era tan ciego como parecía. Sabía exactamente lo que aquella sevillana escondía. Aquel ciego carecía de picardía, no podía esconder lo que aquella tonta le parecía. 
Sabia enfrentarse con valentía al día a día, ponía todo su empeño y su valía demostrando a todos que eso que se decía a él no le dolía.
Y aquella tonta que con él se metía, siempre lo homenajearía y admiraría, porqué con él sé reía y aprendía, por eso su amistad no se rompía, por eso, la sevillana, Andrea, nunca de él se separaría.

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