Quizás me encariñé demasiado. 
Me aferré a sus pecas de medía cara, a sus ojos caramelizados, a su sonrisa inocente, y a su tez de color café.
Quizás
 dejé mi lado humano, para ser prudencia y dejarla florecer como a una pequeña bungavilla en verano llena de color, cómo a una flor que deja atrás sus raíces.

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