Se había llevado una parte de ella. Por más que mirara la hora para que no se le quemará la empanada sabía que las agujas del reloj nunca volverían a apuntar a la hora en la que se marchó, y que las fotos nunca harían justicia al pibón que siempre fue.
Sin ella estaba tan perdida como Alicia en aquel laberinto, con la diferencia de que las cosas aquí, no eran maravillas.

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