Siempre repostaba en la misma gasolinera. Le daba igual coger olor a gasolina, mancharse o volverse a romper la uña porque el surtidor estaba roto.
Le daba igual esperar la cola o que la única farola que había en aquel perímetro estuviera fundida.
Le bastaba su leve sonrisa al devolverle el cambio mientras se despedían.

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